viernes, 14 de agosto de 2009

Mi sector favorito, siempre y en todos los casos, es el de perfumería y limpieza.
Puedo perderme la vida entera, entre jabones en polvo,enjuagues bucales y líquidos para pisos.
Miro los productos nuevos, los olfateo, evaluó el packaging y también precios, claro.
El problemita con los artículos de limpieza lo tengo desde hace tiempo. La vez límite fue cuando en pleno curso de mi séptimo mes de embarazo, decidí que si olía bien, el jabón debía, seguramente, ser rico.Y ahí nomas le clave los dientes.
Por supuesto, no era rico, era jabón!
Terminé con nauseas y con de mi ex, tirado en el piso de la risa.

martes, 11 de agosto de 2009

Está comprobado

Despues del alta en la clínica, la primera salida de un bebe con su madre, es al supermercado.



He dicho

lunes, 10 de agosto de 2009

Día del niño

El que no puede es porque no quiere.

Mi Eki

Mi Eki queda en Corrientes y Humbolt.
Tiene una línea de dos cajas. Unos lockers que casi nunca funcionan. Una verdulería/frutería medio tristona y los artículos más superfluos -desodorantes Rexona y cremas para peinar entre otros- bajo llave.
Llegué a él hace unos cinco años y no nos separamos más.
A menos de tres cuadras tiene un amenazante Coto, pero eso no nos amedrenta, sabemos lo que tenemos, sabemos lo que somos y no les tenemos miedo.
En Eki, en mi Eki, podes llenar una botella de gaseosa con cerveza después de pasar por la caja, en el caso, claro, de querer tomarte una cervecita fría antes de subirte al tren.
En mi Eki hay días que no hay congelados, porque las heladeras se rompen y el técnico se toma su tiempo en venir a repararlas.
En mi Eki ya es un clásico la cara de orto de la supervisora. Una gordi de pelo lacio y mucho delineador en los ojos que tiene un cartelito en su pecho que dice: Mariana, con letras apuras de fibrón negro.
En mi Eki, el joven de seguridad, puede estar parado en la puerta o camuflado cerca del deposito, presto a cazar algún maleante en plena acción. Pero claro, todos nos queremos en MI Eki y pocas veces hay maleantes. Pocas.

Arrancamos

Tengo 36 años, un divorcio encima y tres panzas que alimentar. Una de 9, otra de 5 y la peluda y felina de Pipa, que también cuenta.
Paso mucho, muchísimo más tiempo del que quisiera, visitando el super.
“La compra” fue y sigue siendo un reflejo de mi propia historia.
Uno de los recuerdos mas remotos que tengo es el de una nena con pelito melenita, de unos cinco años, yendo con la bolsa de plástico, la de las rayas de colores que ahora te la venden en Calma Chica a cincuenta pesos, porque es vintagge, claro, al almacén de la esquina.
Mario se llamaba el que atendía. Yo me paraba sobre la punta de los pies para apoyar arriba del mostrador de los fiambres, la listita que mi mamá me daba.
Cuando Mario terminaba de llenar la bolsadeplasticoarayasvintagge, yo le daba el billete y le decía, hay vuelto?
Esa escena en el recuerdo, siempre me causó algo de tristeza. Y, sí…
Decía entonces, que el asunto ese, del mandado y las compras de alguna manera pueden graficar en que parcela de mi historia estoy parada.

Tuve el almacén. El Hogar Obrero, donde fui el anverso de Robbin Hood y me robé algunos cuadernos de Sarah Key, sin ningún tipo de remordimiento.
El SuperCoop. Coto, los chiquitos con olor a vaca muerta y los hiper woww que mega super!
Casa Tía. El francesísimo Carrefour. El regio, Disco. Jumbo, el joven. El difunto, Norte. Makro y su guarangueria.Y hasta algunos Toledo con el apuro de comprar el pan y el fiambre para los sanguchitos de la playa.
Tengo kilómetros de góndolas recorridos. Horas enteras en la cola de la caja. Tengo momentos buenísimos y días de furia, entre los congelados. Sé.
Y encontré un nuevo mundo.